Eliminar la anticipación negativa

Si estás deprimido, vives en el pasado. Si estás ansioso, vives en el futuro. Si estás en paz, vives en el presente.”
— Atribuida a Lao-Tsé,

Los nervios o miedo escénico no empiezan en el escenario.

Empiezan antes. A veces días antes.

A veces es solo un pinchazo "Uy, falta poco", Otras veces, una película entera en la cabeza.

El cuerpo se tensa. A algunos les cuesta dormir. A otros concentrarse. A otros les afecta el humor.

●“¿Y si fallo?”
●“¿Y si no doy el nivel?”
●“¿Y si se nota?”

Y lo peor es que cuanto más lo piensas, más lo provocas. Si piensas que te vas a caer de la bici, tu cuerpo se pone tenso y eso facilita la caida.

Porque la mente tiende a hacer reales las imágenes que imagina.

Lo que el cliente vivía

Este cliente no sufría solo al salir a tocar.

Sufría los días antes.

En auditorios grandes. En solos importantes. Cuando sabía que lo iban a escuchar.

Y no era falta de estudio. 

Era que su mente ya estaba viendo el fallo antes de que existiera.

Lo que muchos intentan (pero no funciona)

Muchos músicos intentan "mentalizarse".

● Prepararse más
● Fingir seguridad
● Reprimir las imágenes con frases como “todo saldrá bien”,
● Aguantando el tirón con fuerza de voluntad.

Es decir, activando el modo supervivencia.

Un modo que cansa.
Porque te enfoca en el fallo, y no en el disfrute.

Te han dicho que no te obsesiones. Que te relajes. Que pienses en positivo.
Has leído libros que dicen que “todo depende de tu actitud”. Te han dicho que hay que visualizar que todo irá bien. Que sonrías. Que respires. Que te enfoques en lo bueno.

Pero nada de eso funciona porque por debajo siguen las mismas películas negativas, y las sensaciones internas negativas que la mente proyecta (Steptoe, 1989; Kenny, 2011).

Intentar taparlas con frases positivas es como echarte colonia sin haberte duchado después de hacer deporte.

El mal olor sigue ahí.

Las trampas habituales.

Algunos creen que ese agobio previo es parte de ser responsable. Que cuando uno es joven, va tranquilo. Pero que con los años, sabes lo que hay en juego.
Y por eso lo pasas peor.

Pero eso no es madurez.

Es acumulación.

De experiencias negativas mal gestionadas.
De películas mentales que ya se han hecho costumbre.

Estos hábitos no ayudan. Crean tensión, agotan. Bajan la calidad de la preparación y perpetúan el agobio.

Por eso este paso es imprescindible: hay que limpiar la mente lo mismo que limpias tu ejecución.

Lo que hicimos

El facilitador detectó dos cosas clave:

● Imágenes internas anticipando errores.
● Diálogo interno tipo: “No estoy preparado. No va a ir bien.”

Y lo peor no eran los pensamientos, era la emoción que activaban.
Ese nudo interior que te hace no querer que llegue el día.

Lo primero fue neutralizar esas dos anticipaciones.

Para ello, aplicamos una técnica combinada basada en el Dr. Bandler y Grinder (1975, 1984), usando colapso de anclajes y submodalidades.

Desde ese momento el cliente podía pensar en su siguiente actuación y sentirse neutro.

Tranquilo.


“Ahora estoy bien, pero ¿Y si me vuelve?”

Buena pregunta. Y muy necesaria.

Por eso no nos quedamos ahí. Para que el cambio sea permanente hay que poner otra cosa en lugar de la emoción negativa anterior.

Y para eso, se instaló un nuevo anclaje interno de ilusión. De confianza.

●No de euforia.
●No de que un coach te haga venirte arriba y mañana ya veremos.
●No de optimismo barato.

Sino de una calma e ilusion natural.

Resultados

Durante las siguientes semanas se hizo pensar al cliente en sus siguientes situaciones reales de ensayo o actuación.

Y la nueva emoción de confianza e ilusion seguía ahí.

Natural y estable.

No es ni casualidad ni magia.
Es algo que explica la neurociencia: 

El cerebro cuando cambia crea nuevas rutas (Doidge, 2007) gracias a la neuroplasticidad.
Y ya no necesita vigilar si los nervios vuelven, porque ya no va por ese camino.

Esto se denomina cambio generativo (Wilson & Roland, 2002) porque no depende de repetir nada, sino de generar una nueva respuesta interna. 


La trampa de no querer que te importe

El cliente preguntó:

"Si ya no siento esa presión, ¿No será que ya me da igual todo y no me importa hacerlo bien?"

Otra duda lógica.

Pero como esa pregunta sólo puede responderla él, se la devolvimos.

Su respuesta fue inmediata:

“Sí, sí, claro que me importa! Solo que ahora me siento bien! ”

Y esta es una sorpresa que se llevan muchos músicos cuando descubren que 
sentirse bien y ser exigente son dos cosas totalmente compatibles

Y cuando van de la mano, el músico por supuesto quiere seguir preparandose, y queriendo dar lo mejor.

Pero ya no lo hace desde el miedo.
Lo que antes era un nudo, ahora es foco y claridad.
Lo que antes era tensión, ahora es una tranquilidad natural.

Esto no es frase de motivación de taza. Es entender cómo funciona la mente y cómo aplicarlo con un músico real.

En el siguiente paso, el cliente superó algo que casi nadie nombra.

No aparece en libros, ni lo mencionan siquiera los expertos americanos que llevan décadas estudiando el escenario.

Y, sin embargo, era justo lo que este cliente vivía una y otra vez.

2025 © La Mente del Músico

​Jesús María Leizaola 12, 48640 Vizcaya

La información, contenido y servicios incluidos en esta web ni son ni han de ser considerados como diagnóstico o tratamiento clínico ni medico de enfermedades mentales ni de ningún otro tipo, sino herramientas de desarrollo personal y entrenamiento de mentalidad. Si usted sospecha que padece una enfermedad mental o ha sido diagnosticado de ello, le sugerimos a que acuda a un profesional clínico de salud mental, siendo en todo caso la responsabilidad de usted el hacerlo.

2025 © La Mente del Músico

​Jesús María Leizaola 12, 48640 Vizcaya

La información, contenido y servicios incluidos en esta web ni son ni han de ser considerados como diagnóstico o tratamiento clínico ni medico de enfermedades mentales ni de ningún otro tipo, sino herramientas de desarrollo personal y entrenamiento de mentalidad. Si usted sospecha que padece una enfermedad mental o ha sido diagnosticado de ello, le sugerimos a que acuda a un profesional clínico de salud mental, siendo en todo caso la responsabilidad de usted el hacerlo.