El síndrome del impostor

Thursday, November 06, 2025

Suena fatal y no es que sea un síndrome. Es una reacción interna. Lo primero es definirlo:

El síndrome del impostor es la sensación interna de que no te mereces el puesto, de que no das el nivel que se supone que tiene que dar alguien en tu lugar.

No importa si das conciertos, si das clase, o si hace tiempo que no te subes a un escenario. El síndrome del impostor no espera a que toques en público para activarse. Aparece cuando estudias, cuando ensayas, cuando escuchas a otros. En realidad, vive dentro de tu cabeza. No fuera.

No te voy a inundar de artículos técnicos que te digan los factores predictores, ni estadísticas de cuántas personas lo tienen, o si afecta más a las mujeres o a los hombres.

No por nada, sino porque esta literatura no te va a ayudar. Un libro sobre el origen de una caries no te va a quitar la caries.

Esos estudios te dicen cosas como por ejemplo que les pasa a neuróticos, introvertidos, personas que se comparan desfavorablemente socialmente, y a perfeccionistas. Pero en el mismo párrafo te dicen que también les pasa a los que no tienen esto. Da igual, porque tampoco te dicen cómo eliminarlo.

Por eso, en mi trabajo he tenido que buscar otro camino. Después de trabajar individualmente con más de 150 músicos clásicos me he encontrado patrones comunes, desde el estudiante hasta el solista de relevancia europea.

Patrones comunes que o los tienes en cuenta o no vas a conseguir cambios, como en mi opinión le pasa a la terapia convencional.

¿Por qué la terapia convencional no funciona?

Yo por terapia convencional me refiero a la de utilizar la reflexión, obligarte a decirte frases bonitas, que te valores, que valores más tu esfuerzo que tu resultado, que te compres una libreta y apuntes tus pensamientos y tus logros, y que todos los días escribas frases de agradecimiento, que pienses que se puede triunfar sin talento natural, que tener errores es normal, o que te resignes a pensar que igual no eres tan bueno, o que no te compares.

Todas estas ideas, o consejos, sobre el papel tienen sentido, y algunas son bonitas. Muy bonitas, en serio.

Pero no funcionan. Es lo que me dicen todos los músicos que trabajan conmigo tras haber ido a ese tipo de terapia.

Y eso no funciona porque no van a la raíz del problema.

Porque contradicen ideas que el músico no va a poder abandonar.

Un músico clásico no va a poder dejar de querer hacerlo bien, ni va a aceptar la idea de que lo que importa es el esfuerzo, y no el tocar bien.

Déjame darte un ejemplo concreto. Trabajé con un violinista que da varios conciertos de solista al año. No digo el nombre por privacidad.

Sentía que no era suficientemente bueno. Que había gente muy buena por ahí, y que él simplemente había tenido suerte.

Había ido a terapia convencional bastante tiempo. Pero seguía igual. Lo cual era bastante predecible.

"No le des tanta importancia a los fallos" (¿Cómo hago eso? ¡yo quiero hacerlo sin fallos!)
"Tienes que perdonarte" (sí yo me perdono, pero los fallos están ahí)
"No seas tan duro contigo" (si no soy duro, es que esto lo debiera hacer mejor)
"No te tiene que importar lo que digan los demás" (ya, pero me afecta)
"Tienes que agradecer lo que has conseguido" (sí, pero lo otro sigue estando ahí, y además es por suerte o porque no han encontrado a nadie mejor)

Te puedes estar años estando así, con el efecto colateral del aumento de culpa y de falta de autoeficacia por no conseguir nada ni siquiera con terapia.

Porque así no vas ni a la raíz, ni a la clave de la situación.

¿Cuál es entonces la clave del problema?

Que la sensación que llamamos síndrome del impostor es una reacción aprendida. Es un fenómeno de autopercepción. Te percibes de manera incorrecta, y sales perdiendo.

Por eso el usar los razonamientos lógicos y teóricos de la terapia convencional consigue resultados muy limitados.

Porque no pasan el filtro de la mente del músico.

¿Cuál es la raíz del problema entonces?

En los músicos clásicos lo veo con claridad prácticamente a diario: La raíz es cómo te percibes a ti mismo, y en cómo haces para compararte.

Fíjate que la diferencia puede parecer sutil, pero no lo es.

La terapia convencional se queda en la superficie ("no tienes que compararte"), pero el cambio está más abajo: cómo haces para compararte, porque ahí está la clave.

Volviendo al ejemplo del violinista: al pensar en otros violinistas pensaba en los mejores conciertos de estos otros violinistas, y luego en sus momentos más regulares. La solución no estaba en tener compasión y amor por uno mismo, sino en cambiar sus representaciones mentales. Al hacerlo, en dos meses estaba disfrutando en el escenario, valorándose de manera natural.

Otro caso: un violista. De sus actuaciones solo se quedaba en su mente con los fallos. De los demás, se quedaba con toda su actuación. Al cabo de dos meses, se sentía que estaba en el sitio que merecía.

O el de una cantante. Cuando compartía escenario con personas que habían ganado concursos, se achicaba, aunque le hubiesen buscado a ella expresamente. En su mente se imaginaba a los demás criticando cada nota suya, "¿de dónde ha salido esta?". Al acabar su entrenamiento mental, actuó como solista en una ópera en el papel principal, disfrutándolo y sintiéndose que estaba en el sitio correcto.

El reto principal

En todos los casos que trabajo y he trabajado, el primer reto es siempre el mismo: que el músico no sabe que tiene una percepción incorrecta, le resuena un poco el síndrome del impostor, pero sigue en el bucle de pensar que él es un caso especial.

Por eso en todos los trabajos con músicos, averiguamos la manera interna de cada músico de compararse y de percibirse, y la ajustamos cambiando las representaciones mentales.

Aquí las estadísticas no valen como herramienta. Sería como si un dentista te abre la boca y sin mirar te pone el taladro en la muela del juicio de abajo a la izquierda porque es lo más habitual. Las estadísticas te dicen dónde suele estar el problema en general, pero no dónde está el tuyo en concreto.

Las estadísticas sí valen para medir los resultados de las herramientas que usamos. Y con este método basado en las representaciones mentales, en una semana los cambios son profundos y duraderos. Y lo mejor, son resultados predecibles. Incluso bajo presión.

Sin dejar de ser exigente.
Sin tener que dejar de querer hacerlo bien, sin fallos.
Y por supuesto, sin rollito motivacional.

Solo reprogramar la mente, con los conceptos del Dr. Bandler.

Porque como diría él, si hay gente que lo hace, sin tener que contar su vida, ni tener una agenda de frases bonitas, es que no hace falta eso.

Si reconoces estos patrones en ti mismo, eliminar el síndrome del impostor es una de las partes del programa de entrenamiento mental Scenario a Piacere, para sentirte libre y dejar de pelear con los nervios, dando tu nivel real incluso bajo presión.

Para más información, AQUI tienes.

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